Queremos una sociedad con familias y comunidades donde se respete la dignidad de cada hombre y mujer, solidarias y con capacidad de organizarse para transformar las estructuras injustas que atentan contra la vida.
Queremos una Iglesia que sea testigo de Jesús en el mundo, pobre, profética, y pascual, en conversión continua, donde los laicos sean protagonistas y que incidan en los procesos históricos de transformación para hacer presente el Reino de Dios.
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